Muchos negocios locales siguen trabajando con tarjetas en papel porque son fáciles de entender y baratas de poner en marcha. El problema es que también se pierden, se olvidan y obligan a imprimir una y otra vez. Además, no ayudan a saber qué clientes vuelven, cuáles han dejado de venir o qué recompensa funciona mejor.
Por eso cafeterías, bares, panaderías, salones y pequeños comercios están pasando a formatos digitales. No buscan una solución complicada. Buscan una tarjeta que el cliente lleve en el móvil, que no requiera una app propia y que no añada trabajo manual al equipo. Para muchos negocios, el siguiente paso lógico ya no es imprimir otra tarjeta, sino pasar a
una tarjeta de fidelización digital.
Antes de elegir una opción, conviene entender bien qué diferencia hay entre una tarjeta física, una virtual y una digital.